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Manifiesto Consciente del Inconsciente

Hay cosas que todos entendemos. El Inconsciente Colectivo es ese lenguaje de símbolos que compartimos todos, sin importar culturas, edades ni sexos y que es en última instancia el lenguaje más puro al que tenemos acceso; el resultado de la experiencia de todos los seres humanos. Estos símbolos encuentran su expresión más clara en las mitologías, religiones (que al final también son mitologías) y expresiones artísticas de toda época. Este lenguaje simbólico es atemporal y universal, pero sus expresiones se ven influenciadas por el momento y el contexto de la expresión. Así, todos tenemos una noción de la muerte, de la vida, de la madre, del padre, de lo bueno, de lo malo, de los géneros, del sexo, de dios, etc. Pero en nuestro caso, como mexicanos, expresamos estos símbolos influenciados por nuestra cultura y nuestra vivencia urbana y cotidiana. Durante este ejercicio fotográfico, yo sacaba las fotos, y más tarde en la computadora veía las imágenes… y permitía a mi mente el jugar con ellas hasta dar con su esencia mitológica.

Cuando una persona fantasea, sueña, imagina o crea, no lo hace de manera azarosa. Los procesos de la imaginación y la creatividad están totalmente emparentados con todo lo que vivimos y con todo lo que viven los demás (precisamente por el inconsciente colectivo), es por eso que a través del análisis de los sueños y los procesos de la imaginación podemos entender lo que sucede en la vida interna, inconsciente, de una persona. Sabemos que la conciencia es solamente la punta del iceberg, mientras que todo lo demás es el inconsciente, podemos pensar entonces, que es en nuestras expresiones artísticas, creativas, fantasiosas, lúdicas, oníricas y humorísticas donde más se expresa nuestro verdadero ser. El resto del tiempo deambulamos como sonámbulos actuando nuestra responsabilidad, nuestra madurez, nuestra moral y un sinfín de cosas que inhiben la expresión de nuestro ser, dejándonos con el sabor de frustración al que ya estamos habituados. Así que, aunque debemos de olvidar esa idea de que la imaginación es un proceso abstracto, ajeno a nosotros mismos, que sucede en una libertad sin estructura alguna que lo contenga y entender que, por el contrario, sucede totalmente en concreto y de acuerdo a nuestra propia estructura personal y colectiva, el quitarle lo poético no debe de quitarle lo hermoso al proceso de imaginar porque precisamente es en este proceso en donde nuestro verdadero ser expresa su lenguaje íntimo.

Por otro lado, tenemos el caso específico de nuestro transporte colectivo. Yo creo que para cualquier persona que no sea de aquí, la idea de que nuestros colectivos sean tan inconscientes es incomprensible: son violentos, contaminan, ponen en riesgo la vida de todos, ocasionan más tránsito y pa’ colmo son feos y hacen ver mal nuestra ciudad (me refiero a los autos en si, no a los choferes). Pero nos subimos a ellos y aceptamos tranquilamente que se pasen los altos, que saquen humo, que manejen rapidísimo, que se pasen nuestra parada, que suban más gente de la que deben subir, que se escapen de la patrulla, y que al mismo tiempo nos den lecciones de urbanidad: “La Bajada es por Atrás” (sin albur, porque con albur la bajada seria por adelante), “Anticipe su Bajada Dos Cuadras Antes” y “No Grite, Use el Timbre”, ya que de otra manera no sería educada nuestra petición.

Suceden dos cosas en este “transportarnos” que se relacionan con el inconsciente colectivo. La primera es que todos, colectivamente, nos morimos de miedo, nos sentimos incómodos, nos excitamos, nos enojamos y vivimos un sinfín de emociones que no expresamos, haciéndonos así cómplices, actuando como si la cosa es “así” y hasta nos parece placentera. El que aceptemos que el transporte colectivo, llámese, peseros, camiones o metro sea un riesgo a nuestra vida y no hacer nada al respecto, es una forma colectiva de hacernos los inconscientes, o sea nos hacemos pendejos grupalmente. La segunda cosa que pasa, es que mientras nos transportamos nos dedicamos a imaginar y soñar (a veces con los ojos cerrados), ya que soñar nos evita la responsabilidad y distrae a nuestro instinto de supervivencia que de otra manera, nos estaría pidiendo a gritos que abandonáramos el automóvil inmediatamente. Es de este imaginar y ensoñar de donde vienen estas imágenes fotográficas. Las fotografías de esta exposición son entonces, el resultado de un instinto de supervivencia malformado expresando las imágenes del inconsciente de un chilango en su cotidiano deambular por su bellísima, folklórica y surrealista ciudad de México.

Cuau Gustav Yung
(Cuauhtli Arau)